jueves, 29 de agosto de 2013

La túnica en el ROMÁNICO (3)

La túnica (3)


En el románico (segunda mitad del XI-principios del XIII) se sigue llevando túnicas, tanto cortas como largasLos puños y el borde inferior de la prenda se siguen adornando con cenefas o ribetes

Los nombres más usados son: saya, brial, almejía, aljuba, piel/ pellizón, sin embargo el vocablo túnica sigue en boga.

  Nacimiento del Niño. 
La Virgen. Antifonario de la Catedral de León, 1069 (detalle)

Túnica talar. Encima manto
1086. Beato de Burgo de Osma, clérigo Pedro y miniado por Martino, Catedral de Burgo de Osma, Soria (detalle)

Túnica talar con las mangas anchas y adornos y pliegues sobre el brial. Encima lleva manto
XII. Monasterio de S. Serni de Tavernoles, la Seu d’Urgell, Lérida. Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona (detalle)

Túnicas talares, con cuello recto y otro ondulado, con ribetes. Encima palium. Primera mitad del XII. Apostolado, anónimo, Museo Nacional del Arte de Cataluña, Barcelona (detalle)

Túnica talar que cubre una saya; de la saya  sólo se ve los puños de la mano derecha. Encima lleva manto
1175-1185. Epifanía, Beato del Monasterio de San Pedro de Cardeña, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York (detalle)

Túnica a dos colores y con cenefas. 1123. Lucha de David y Goliat, iglesia de Santa María de Taüll, Lérida (detalle)

Túnica talar con cenefas en los bordes inferiores. Encima lleva palium. Pp del siglo XII, Ábside de S. Clemente de Taüll, Lérida (detalle)

Túnicas bajo manto. Santa Julita y San Quirico, finales XII, Ermita de San Quirze, Barcelona (detalle)




Enlace relacionado en este blog:
Las túnicas en la época Visigoda (túnica 1) 


Bibliografía:
  • Bernis Madrazo, Carmen: Indumentaria medieval española. Instituto Diego Velázquez, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, 1956.
  • Sousa Congosto, Francisco de: Introducción a la historia de la indumentaria en España. Ed. Istmo, 2007.
  •  
 












    sábado, 20 de julio de 2013

    La Túnica durante el Gótico temprano (4)

    A mediados del siglo XIII y principios del XIV se sigue llevando túnicas, pero hace referencia a prendas de encima: eran generalmente amplias, despegadas de la cintura, y tenían las mangas anchas; podía ser completamente cerrada o tener una abertura en la falda.


    Aparecen túnicas de encima con mangas algo más cortas que las de la saya (algunas se han podido identificar con la aljuba), otras que carecían de ellas y que según los estudios de A. Descalzo sería la garnachamientras que para Astor sería una cota.



    Túnica ¿almexía? de manga ancha y gran escote. Debajo lleva saya y encima manto. Cuarta década del XIV. La adoración de los reyes magos, Domingo Pérez, Iglesia museo de San Sebastián de los Caballeros en Toro, Zamora (detalle)






    Túnica con mangas anchas y parece forrada con piel (seguramente debajo lleva una saya); encima lleva una prenda llamada pellizón cuyos puños son muy amplios y va forrada de piel. Tercera década del XIV. Adoración reyes magos, Pérez, Domingo, iglesia-museo de San Sebastián de los Caballeros, Toro, Zamora (detalle)
      


    Enlaces relacionados en este blog:

    Las túnicas en la época Visigoda (túnica 1)

    Las túnicas en la época Mozárabe (túnica 2)
    Las túnicas en la época Románica (túnica 3) 
    La saya
    La aljuba

    Bibliografía:

    miércoles, 10 de julio de 2013

    IR EN PELOTA o IR DESNUDO

    Hagamos una aclaración sobre estas dos expresiones cuyo significado ha variado en nuestros tiempos:


    «Ir desnudo» o «en pelota», ya desde la Edad Media, hacía referencia a la persona que llevaba unas determinadas prendas de acuerpo o íntimas. Cuando una persona no llevaba nada encima se decía que iba «en carnes»«en cueros»«in puribus».



        
    H. 1280-85. Cantigas de Santa María de Alfonso X El Sabio

    Según García Ramiro «ir en pelota» derivaría del vocablo pellote (prenda que iba sobre la saya o el brial durante los siglos XIII y XIV) por usarse sólo por casa. Es posible, por tanto, que quedara reducido su uso  al ámbito doméstico a mediados del siglo XIV.


    Otros autores consideran que como el pellote de invierno era de piel dicha palabra degenerase en «pelota» por la afinidad entre los vocablos pelo y/o piel.


    En el siglo XV ir «en pelota» o ir «desnudo», en el caso de los hombres, sería ir en calzas y jubón


    Entre finales del siglo XVI e inicios del XVII era estar en camisa, y en el caso de los hombres era llevar el jubón y los calzoncillos (prenda, está ultima, de reciente novedad).


    En la iconografía, tanto medieval como en la renacentista, a los sayones/verdugos se les representaban desnudos como una manera de ridiculizar o teatralizar su imagen (también se les ridiculizaban caricaturizando el rostro).


    Es posible que en los tiempos de  Francisco de Quevedo el término pelota ya tuviera el significado de ir sin nada encima. En uno de sus romances, «Encarece la hermosura de una moza con varios ejemplos, y aventajándolas a todas», escribe sobre las tres diosas que se desnudan ante Paris para merecer la manzana de la siguiente manera:


    «Paris, el cantarribera,
    que en Ida juzgó a las diosas,
    y dio a Venus la manzana,
    viendo a Palas en pelota».

    Será en el siglo XVIII cuando desnudo y «en pelota» significan tal cual lo entendemos ahora. En el Diccionario de Autoridades (1726-1739) se define «en pelota» como desnudo o en cueros.

    Y así lo escribe el P. José Francisco de Isla de la Torre en 1768 en su obra  «Historia del famoso predicador Gerundio de Campazas, alias Zotes»

    «que le representaban un joven desnudo, y en pelota, como su madre le parió».



    Pellote de Fernando de la Cerda. 1252-1275, Monasterio de las Huelgas.

    Verdugo de la derecha en jubón y calzas. La flagelación. Maestro de Játiva, entre siglo XIV-XV. Retablo mayor de la iglesia de S. Felix (ver enlace aquí: retablo)

    Sayón con jubón y calzas. 1480-90, Anónimo, Iglesia Nuestra Señora de la Peña, Agreda, Soria (detalle)

    Otro personaje "en pelota" Martirio de San Sebastián. 
    Y en FACEBOOK
    

    Enlace relacionado en este blog:

    LOS BAÑOS ESTIVALES
    Pellote


    Bibliografía:

    • Bernis, Carmen: Indumentaria Medieval Española, CSIC Madrid 1956.
    • Bernis, Carmen:  El traje y los tipos sociales en El Quijote. Madrid. El Viso, 2001. (Colección nuevas referencias.
    • Descalzo, Amalia: Vestiduras Ricas, el monasterio de las Huelgas y su época 1170-1340. Patrimonio Nacional. Servicio de Publicaciones, 2005.
    • García Ramiro, José Luis: ¿Qué queremos decir cuando decimos…?”. Alianza Editorial, 2004.
    • Isla, José Francisco de: Fray gerundio de Campazas (T. 2). Editor Espasa-Calpe, s.a. Colección Nueva Austral.

    sábado, 29 de junio de 2013

    La ALJUBA

    La voz de origen morisco vendría de yubba, al-yubba, jubbah, es decir, túnica. En los textos castellanos se cita por primera vez en el año 943 como algupa.

    Fue una prenda cerrada, ceñida en el torso y holgada desde la cintura. Las mangas comenzaban siendo amplias en el hombro y se iban estrechando hasta la muñeca. Como prenda árabe sería más o menos parecida a la saya de los cristianos.

    Acabó siendo usada por los cristianos como prenda de encima, lo que hace pensar que para que pudiera ir sobre la de debajo se ensanchó un poco más. Se confeccionaba con telas ricas y podía llevar pieles curtidas. El cuello y los puños se solía adornar con cenefas, bandas o bordados.

    En el románico la falda iba completamente cerrada o podía tener una abertura. 
    Las mangas se podían llevar a la moda francesa, es decir, la escotadura que une la manga al cuerpo de la prenda se amplía mucho más.
    A finales del siglo XIII la aljuba acaba confundiéndose con la cota ya que ambas prendas se parecen en corte y holgura, diferenciándose por tanto en las mangas. 

    En el siglo XIV seguramente la aljuba cristiana ya sea denomina cota diferenciándose tan sólo por la riqueza de la tela.

    Personaje de la izquierda con aljuba/cota holgada a metad, es decir, a dos colores y cortada las mangas a la moda francesa; debajo lleva saya. El de la derecha es posible que lleve una cota con mangas de corte tradicional; debajo lleva saya y encima manto. 
    H. 1280-85. Cantigas  de Santa María de Alfonso X el Sabio, Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid (detalle)


    Aljuba, con ribetes en cuello y puños. El ribete de la sisa nos da un pista sobre la posibilidad de que las mangas fueran de quita y pon. Debajo lleva saya. H. 1280-85. Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid (detalle)

    No hay pruebas de que la aljuba fuera una prenda usada por ambos sexos. En las representaciones gráficas no se ha encontrado la imagen de una mujer con una túnica de manga estrecha sobre la saya. En cambio, en el siglo XIV si se ven.

    En el siglo XIV la aljuba ya bien puede ser una cota, concretamente será la de cuerpo holgado, es cerrada, un poco más ceñida en el torso y en la cintura, abotonado en el cuello y con falda amplia más o menos largas, generalmente hasta las rodillas en el caso del hombre o hasta el suelo en el caso de la mujer. 

     
    Aljuba. Obsérvese los escotes todos ellos redondos, salvo el de una mujer que es en pico (poco usual en esos años). Plañideros. Sepulcro de Sancho Sainz de Carrillo de la ermita de San Andrés de Mahamud (Burgos), 1295. Anónimo, Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona (detalle)

    Aljuba con gran escote según la moda del siglo XIV que imperó en casi todas las prendas. Con mangas cortas (siguiendo la moda francesa), estando la boca ensanchada. Debajo lleva la gonela de la que sólo se ven parte de las mangas. 1343. Hecho del rey don Jaime, Universidad de Barcelona (detalle)

    En el siglo XV la aljuba hace referencia a dos tipos de prendas:

    1. Traje moro, aljuba morisca, eran siempre prendas vistosas usada por los caballeros cristianos para vestir de gala en la segunda mitad del siglo XV hasta el siglo XVI (cuya tela será tan ligera como la de las camisas). 

    2. Traje de encima rico y holgado que usaron hombres y mujeres durante el siglo XIV. En los textos aparece escasamente, sobre todo a finales de la centuria, pasando a ser usado por los hombres en el juego de cañas, por lo que es una prenda amplia.


    Bibliografía:
    • Astor Landete, Marisa: Indumentaria e Imagen - Valencia en los siglos XIV y XV, Valencia.1999.
    • Aymerich Bassols Montserrat: L'art de la indumentària a la Catalunya del segle XIV. Tesis doctoral, Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona. 2011.
    • Bernis Madrazo, Carmen: Indumentaria Medieval Española, Instituto Diego Velázquez, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, 1956.
    • Bernis Madrazo, Carmen: Trajes y modas en la España de los Reyes Católicos: II. Los Hombres. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC 1975.
    • Bernis Madrazo, Carmen: Indumentaria española en tiempos de Carlos V. Madrid: Instituto Diego Velázquez (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC), 1962.
    • Corriente, Federico: ARABISMOS DIALECTALES DEL lBERORROMANCE CENTRAL 
    • Menéndez Pidal, Gonzalo: La España del siglo XIII: leída en imágenes. Real Academia de la Historia, 1987.
    • Puiggarí i LLobet, José: Monografía histórica e Iconográfica del traje. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
    • Sigüenza Pelarda, Cristina: La moda en el vestir en la pintura gótica aragonesa. Institución “Fernando El Católico”, Excma. Diputación de Zaragoza.





    domingo, 23 de junio de 2013

    ET IN ARCADIA EGO : LOS BAÑOS ESTIVALES EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII

    O el nudismo, costumbre de ayer y de hoy.



     
    Siglo XVII. El Manzanares durante la fiesta de San Juan, escuela española, colección particular, Madrid


     
    1669. Virgen de Pilar  la entrada del virrey de Aragón Juan José de Austria. Anónimo aragonés, colección particular

    Principios del siglo XVII. Baños en el Manzanares en el paraje del Molino Quemado (sería frente a la Casa de Campo, en el Camino del Pardo), Félix Castello, Museo de la Historia, Madrid (imagen obtenida aquí)


    H. 1660. Vista de Sevilla, anónimo, Hospital de los Venerables, Sevilla (detalle) 

    En estos cuadros costumbristas vemos que tanto hombres como mujeres acudían al río durante las fiestas veraniegas para disfrutar, sin tapujos, de sus aguas. Algunos bañistas lo hacían con la camisa puesta y otros no dudaban en quitarse las prendas que les estorbaban para darse un buen chapuzón. Los baños nocturnos también eran habituales, desde que se ponía el sol hasta no más tarde de las once... 

    Los escritores de la época recogen esta costumbre. Por ejemplo, Francisco de Quevedo, en uno de sus romances, satiriza al río madrileño como sigue:


    Descubre Manzanares secretos de los que en él se bañan

    Manzanares, Manzanares,
    arroyo aprendiz de río,
    tú que gozas, tú que ves
    en verano y en estío
    las viejas en cueros muertos,
    las mozas en cueros vivos.


    Luis Vélez de Guevara, en El diablo Cojuelo (1641), escribía:

    Daban en Madrid, por los fines de julio, las once de la noche en punto, hora menguada para las calles y, por faltar la luna, jurisdicción y término redondo de todo requiebro lechuzo y patarata de la muerte. El Prado boqueaba coches en la última jornada de su paseo, y en los baños de Manzanares los Adanes y las Evas de la Corte, fregados más de la arena que limpios del agua, decían el «Ite rio est»;…”


    Jerónimo de Barrionuevo en sus Avisos del 31 de julio de 1655 comentaba:

    Domingo día de Santiago fue apacible y templado, de mar a mar el río de coches y de hombres y mujeres en pelota, medio vestidos y desnudos, que con la diversidad entretenían… ”.


    Vicente Suárez de Deza, por 1663, escribe:


    Lo que pasa en el río de Madrid en el mes de julio


    Este es el día del juicio
    sin duda, puesto que veo
    a tantos en cueros vivos”.
     

    Y algunos visitantes extranjeros se sorprendían de esta costumbre.

    Para muestra El diario del viaje del Cardenal Francesco Barberini, en 1626, que escribió Cassiano del Pozzo, donde podemos leer:


    en cada fiesta el Diablo quiere su propio altar, y así, si por una parte se desarrollan adecuadamente tal y como apenas [se ha descrito], por otra el desorden no es poco ya que, por el calor que trae la estación y por hacerse la vigilia en esta noche [23 de junio], gran parte de la ciudad y sobre todo las mujeres, va a aquel río Manzanares, al puente Segobiano, y allí gentes del populacho, tanto hombres como mujeres, se lavan entremezclados con poco recato para el servicio del alma. Aquellos otros de [mejor] condición pasan la velada yendo de arriba abajo, así como entrando con las carrozas en el río para gozar de las locuras de estos [primeros]. Acostumbran la mayoría de las mujeres a acudir aquí esta noche y al amanecer [aparecen] desgreñadas, adornando las carrozas y los caballos con vegetación  y flores, que en definitiva parece una Arcadia, la edad de oro respecto de la libertad y de la poca vergüenza. Entre estas [mujeres] se ve también a gentiles damas que con el pretexto de creer que el fresco de aquella noche les hará bellas sus cabelleras y se las  mantendrá, descienden de sus carrozas y con el acompañamiento adecuado despeinadas caminan paseando y pavoneándose.

    Il diario del viaggio in Spagna del Cardinale Francesco Barberini, scritto da Cassiano del Pozzo, 1626.

    Enlace relacionado en este blog:

    IR EN PELOTA

    Bibliografía:

    • Anselmi, Alessandra: El diario del viaje a España del Cardenal Francesco Barberini escrito por Cassiano del Pozzo, 1926. Doce Calles S.L. 2004
    • Díez Borque, José Mª., (ed.), Jerónimo de Barrionuevo, Avisos del Madrid de los Austrias y otras noticias., Madrid, editorial Castalia, 1996.
    • Luján, Néstor, Madrid de los últimos Austrias, Editores: Madrid: ONCE, Centro Bibliográfico y Cultural, 1993.
    • Pozuelo, José Mª, Antología poética, Francisco de Quevedo. Ediciones B, Libros Clásicos, 1989.
    • Suárez de Deza, Vicente, Mojiganga de lo que pasa en el río de Madrid en el mes de julio, Teatro breve (II). Edición crítica de Esther Borrego Gutiérrez, Kassel, Reichenberger, 2000
    • Vélez de Guevara, Luis, El diablo Cojuelo, Edición Ángel R. Fernández, Clásicos Castalia.

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