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martes, 3 de febrero de 2026

Personajes secundarios en el arte (9)

  

Mujeres con saya o brial con verdugos.

La mujer de la izquierda lleva cofia de tranzado, luce un escote generoso y van sin manto sobre los hombros.


1475-1485. Predela con la Resurrección de Cristo, Miguel Ximénez, Museo de Prado (detalle)

viernes, 16 de junio de 2023

Los baños en el Guadalquivir. Siglo XVII.

 

H. 1660. Vista de Sevilla desde Triana, anónimo flamenco, Hospital de los Venerables, Sevilla, España.

Caballeros, damas con velo y guardainfante y clérigos pasean por la orilla del Guadalquivir. Bañistas.




Bibliografía:

Vista de Sevilla.

Et in arcadia ego

Candela Argüello: “Las tapadas”. Una propuesta sobre la representación de la prostitución en la pintura del Siglo de Oro.


martes, 30 de octubre de 2018

Teresa de Cartagena y Saravia



Breve biografía de Teresa de Cartagena y Saravia (Burgos, hacia 1424- ¿?): la familia Cartagena estaba muy bien posicionada en el siglo XV y poseía una excelente biblioteca. Su abuelo, judío converso, llegó a ser obispo de Cartagena y después de Burgos. Teresa tuvo la oportunidad de formarse intelectualmente, incluso teológicamente, sobre todo cuando estuvo en Salamanca. Sufrió problemas de audición desde la niñez hasta la completa sordera en su juventud. Como mujer bien posicionada en la sociedad, su educación estaría dirigida a un buen casamiento (parece ser que hubo desposorio con el señor de Hormaza (Burgos), pero no contrato matrimonial) o a la vida monástica, siempre con la idea de llegar a lo más alto de la jerarquía religiosa femenina, cosa que no consiguió, posiblemente por culpa de su minusvalía*. Se piensa que en 1445 ya había ingresado en la Orden de Santa Clara. Escribió Arboleda de los enfermos y Admiraçión Operarum Dey.

Dicho esto, voy comentar un artículo que salió sobre ella en el mes de agosto, concretamente en el periódico digital de ABC. Su título y contenido me sorprendió (aunque cuando se habla de feminismo y género nada me debería de sorprender):



No desmitificaré lo del odio a los conversos y lo de que las mujeres eran malditas por el hecho de nacer mujer porque sería una entrada demasiado larga, en cambio sí hablaré de la minusvalía y su relación con las posesiones diabólicas porque la autora del artículo insiste varias veces sobre ello.  

Estamos en un tiempo, la Edad Media, donde se cree en milagros y signos; todavía no hay una forma lógica para explicar ciertos hechos. Es una época donde también se va luchando contra las supersticiones. Ya en la Baja Edad Media se considera que ciertas enfermedades y deficiencias mentales se deben a causas naturales. Sin embargo todavía los teólogos achacan determinados padecimientos o minusvalías a un castigo o al abandono de Dios por llevar una vida pecaminosa o poco ejemplar. También piensan que otra de las causas de sufrir esas enfermedades se debe al contacto con el demonio. Será sólo la locura con acciones violentas la que se marque como posesión diabólica. Si además, en un ataque de locura, se perdía una facultad sensorial o se presentaba una enfermedad no hay duda de que es cosa del demonio. El exorcismo es la única posibilidad de cura, que suele pedir la familia o el mismo "endemoniado". Pero al mismo tiempo se da el caso contrario: determinadas "locuras" pueden tener tintes religiosos (propio de santos), y, por ejemplo, en el caso concreto de la ceguera se considera una "virtud" para alcanzar el cielo. 

Y ahora hablaré algo de sus dos obras:

1. Arboleda de los enfermos: la escribe para consolar a los enfermos, para que se resignen ante la enfermedad, aunque también es un buen camino para llegar a la sabiduría espiritual.

La obra levantó suspicacias entre algunos intelectuales de aquella época, por la profundidad de la misma. Pensaron que no había salido de su pluma (¿debido a su discapacidad?). 
Como ella misma escribe:

«Asý que, tornando al propósito, creo yo, muy virtuosa señora, que la causa porque los varones se maravillan que muger aya hecho tractado es por non ser acostumbrado en el estado fimíneo, mas solamente en el varonil

Hablar de plagio, como se dice en el artículo del ABC, es anacrónico, teniendo en cuenta que en la Edad Media había obras que se reelaboraban, se inspiraban en otras o se copiaban tal cual (en 1481 Pedro López de Trigo copia los trabajos de Teresa). Pero leamos lo que ella misma nos dice:

«Pues la ispirençia me faze çierta e Dios de la verdad sabe que yo no ove otro Maestro ni me consejé con otro algund letrado, ni lo trasladé de libros, commo algunas personas con maliçiosa admiraçión suelen dezir»

2. Admiraçión Operarum Dey: esta obra la escribió para defender su  autoría de "Arboleda de los enfermos". Afirmará que Dios tiene poder para que ella pueda escribir obras profundas y de calidad. Será un alegato a la capacidad de las monjas a escribir obras teológicas gracias al aislamiento del mundo no sólo conventual, sino también gracias, en su caso particular, a su sordera: ella misma dirá que hasta ese momento no había habido ningún otro precedente. Las religiosas estarían, por tanto, más predispuestas a ese tipo de escritura que el resto de mujeres.

Por supuesto, afirmar que "Admiraçión Operarum Dey" es una de las grandes obras feministas del siglo XV es pasarse de frenada. Leamos lo que escribe en ella sobre las mujeres:

«E paresçe acaesçer al entendimiento, memoria y voluntad lo que acaesçe a algunas mugeres comunes que salen de su casa a menudo e andan vagando por casas ajenas, las quales, por esta mala costunbre, se fazen asy nigligentes e perezosas en el exerçiçio fimíneo e obras domésticas e caseril, que ellas por esto no valen más e su hazienda e casa valen menos.»

«E por este mismo respeto creo yo quel soberano e poderoso Señor quiso e quiere en la natura humana obrar estas dos contrariedades, conviene a saber: el estado varonil, fuerte e valiente, e el fimineo, flaco e delicado. Ca los varones con su fuerça e ánimo e suficiencia de entendimiento conservan e guardan las cosas de fuera, e asý en procurar e tratar e saber ganar los bienes de fortuna como regir e gobernar e defender sus patrias e tierras de los enemigos e todas las otras cosas que a la conservación e provecho de la república se requiere, e por consiguiente a sus particularidades haziendas e personas; para lo qual, mucho conviene y es menester que sean robustos e valientes, de grande ánimo e aún de grandes e de muy elevados entendimientos. E las fenbras, asy como flacas e pusilánimes e no sofridoras de los grandes trabajos e peligros que la procuraçión e gobernaçión e defensión de las sobredichas cosas se requieren, solamente estando inclusas o ençercadas dentro en su casa, con su industria e trabajo e obras domésticas e delicadas dan fuerça e vigor, e sin dubda non pequeño subsidio a los varones

«conviene a saber: no ser usado en el estado fimíneo este atto de conponer libros e trattados»



Notas: 
* Tener alguna deficiencia era una traba para alcanzar metas, e incluso restaba valor a los testimonios ante la justicia.



Bibliografía:

  • Ahn, María: Enigmas de identidad: ¿Lamias, estriges o brujas? En de Lamiis et Pythonicis mulieribus y otros tratados demonológicos del siglo XV. Anuari de filología. Antiqva et Mediaevalia (Anu.Filol.Antiq.Mediaeualia)   3/2013,  pp.  1-23.
  • Álvarez Ramírez, Gloria Esperanza: El régimen jurídico público de la discapacidad. Tesis. 2009.
  • Bravo García, Antonio: El diablo en el cuerpo: procesos psicológicos y demonología en la literatura ascética bizantina (Siglos IV VII).
  • Cortés Timoner, Mª Mar: «Fue levado mi entendimiento»: Teresa de Cartagena y la escritura mística en femenino. SCRIPTA, Revista internacional de literatura i cultura medieval i moderna,  núm. 8 / desembre 2016 / pp. 148-163.
  • Fortea, José Antonio: Summa Daemoniaca. Tratado de demonología  y manual de exorcistas. 2012
  • Kim, Yonsoo y Carvajal Jaramillom, Ana María: La codificación de la espiritualidad femenina de  Teresa de Cartagena y Santa Teresa de Ávila. eHumanista 32 (2016): 69-84.
  • León Aguado Díaz, Antonio: Historia de las deficiencias. 1995.
  • Majuelo Apiñániz, Miriam: Teresa de Cartagena. La obra de una mujer castellana del siglo XV. Tesis Doctoral. 2008.
  • Muñoz Tirado, José: Teresa de Cartagena, la defensa intelectual de la mujer.   Tesis, 2016-2017.
  • http://www.mariamilagrosrivera.com/ineditos/documentacion-teresa-cartagena/


martes, 24 de octubre de 2017

Personajes secundarios en el arte (8)


1449. Retablo de Santa Ana, atribuido a  Pedro de Zuera y Bernardo Arás, Museo Diocesano de Huesca (detalle)

Dos hombres pelean cuerpo a cuerpo. Están situados a la izquierda de Cristo crucificado. Son los sayones que se disputan las vestiduras de Jesús, aunque los pintores no las plasman en la tabla. Uno de los personajes es un negro (todavía son años en los que se relaciona ese color con el caos y la muerte) que lleva una cota, prenda con la que se solía representar a los soldados romanos. El otro hombre luce otra cota con pliegues al estilo borgoñón. 

También a la derecha de la tabla hay un jinete que observa a Cristo en actitud relajada, recostado sobre el caballo. 




viernes, 25 de noviembre de 2016

Personajes secundarios en el arte (7)

Soldados de la primera mitad del XVI.

Primera mitad del siglo XVI. Retablo santas y María Magdalena, Santa Lucía, Capilla de San Pedro, Catedral de Ávila (detalle)

martes, 4 de octubre de 2016

Personajes secundarios en el arte (6)

Interesante la pareja que va a caballo. 
Él con ropeta, tan de moda desde finales del siglo XV entre los jóvenes. 
Ella con un bonete rojo y una toca negra colocada por delante, siguiendo la moda llamada francesa.  



1480-1500. Virgen de la Leche, Diego de la Cruz, Museo catedralicio de Burgos (detalle)



miércoles, 3 de agosto de 2016

lunes, 6 de junio de 2016

Personajes secundarios en el arte (4)

Apoyado en una barandilla, un hombre lleva gorra y borceguíes.

Primer cuarto del siglo XVI. Escuela castellana, La Virgen de Cristobal Colón, Museo Lázaro Galdiano, Madrid (detalle)

sábado, 4 de junio de 2016

Personajes secundarios en el arte (3)

Un rincón de una ciudad ¿castellana?
Posiblemente los albañiles estén renovando unos muros.

El de rojo quizá lleve un capisayo o un capotillo.

Finales del siglo XV. Escuela de Fernando Gallego, Museo catedralicio de Ávila (detalle)

viernes, 3 de junio de 2016

Personajes secundarios en el arte (2)

Moda de los años 30 del siglo XV.
Hombres:
Ropa.
Capirote.
Sombrero.
Calzas.
zapatos.

Mujeres:
Toca.
Saya.

1430-40. San Juan evangelista, Joan Reixach, Museo de Bellas Artes de Valencia (detalle)


martes, 31 de mayo de 2016

Personajes secundarios en el arte

Buen ejemplo de algunas de las prendas que se llevaban cuando se viajaba: sombrero y capote o capotillo.

Hacia 1460. Predela con 5 escenas pasión de Cristo, Joan Reixach, Museo de Bellas Artes de Valencia (detalle)

lunes, 3 de marzo de 2014

El Greco y la Dama del armiño: cien años de polémica.

H. 1590. La dama del armiño, ¿Sofonisba Anguissola?, Sir Willian Stirling-Maxell Collection, Glasgow Museum, Escocia


La dama del armiño viste un bohemio de seda o tela rica con forro de piel de lince. La toca es fina, de tela de "holanda" (tejido que era muy caro). Lleva un cuerpo escotado y cuyo borde va decorado. Debajo una camisa de pecho o baja también de "holanda", que hace juego con el cuerpo. El peinado que luce es el alto copete de moda en los años 90 del siglo XVI. El puño tiene un tamaño que se estiló también por esos años. Este es el resumen del análisis que la especialista Bernis hizo del atuendo, consiguiendo fechar con exactitud el retrato. Wethey, tiempo antes, ya hizo notar la peculiaridad del peinado.


En 1913 (hace un siglo), Tormo se aventura a decir que la mujer retratada en “La Dama del Armiño” es la infanta Catalina Micaela, hija de Felipe II. Su parecido con el retrato que hay en el Museo del Prado y atribuido a Sánchez Coello es sorprendente.


Gracias al trabajo de Bernis, Kusche la compara con otros retratos de El Greco de ese mismo periodo, concretamente con la Dama con flor. De esta última obra comenta que la pincelada "es inmensamente más suelta y pastosa que la del retrato de Glasgow y que en este retrato no existe ninguno  de los detalles minuciosos que se ven en la Dama del Armiño". Acabará por atribuirla a Sofonisba Anguissola (discípula de Sánchez Coello) ya que el rostro de la mujer es idéntico al de la infanta Catalina Micaela en otros retratos realizados por ella, y muy parecido a la pequeña que aparece en el El retrato de la niña con el enano, que es Margarita de Saboya, hija de la infanta.


También hace similitudes en la composición y la técnica de la pintora con otros de sus retratos de esa misma época. Además, nos recuerda que hacia 1591 el duque de Saboya, marido de la infanta, viajó a España llevando a Felipe II un retrato de la misma. Ésta residía en Saboya justo en los años que se hizo el retrato, cuando Sofonisba vivía en Génova.


Por lo tanto, si es Catalina Micaela, El Greco no pudo pintarla porque tras su fracaso en El Escorial (hacia 1582) dejó de trabajar para la Corte.


1584 - 1585. Alonso Sánchez Coello, Museo del Prado, Madrid (detalle)




   

H. 1591 Sofonisba Anguissola, Dama con toca (o ¿Catalina Micaela?), colección particular


1593. Margarita de Saboya con un enano, Anguissola Sofonisba, col. particular (detalle)


H. 1580, Roland de Moys, subasta 

Enlaces relacionados en este blog:
Visitando a La dama del armiño en Toledo

Bibliografía:

  • Albaladejo Martínez, María: Apariencia y representación de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela en la corte de Felipe II. Universidad de Murcia, facultad de letras, departamento de Historia del Arte.
  • Bernis Madrazo, Carmen: La moda en la España de Felipe II a través del retrato de corte. En el catálogo de la exposición Alonso Sánchez Coello y el retrato en la corte de Felipe II. Madrid: Museo del Prado. 1990
  • Bernis, Carmen: La dama del armiño y la moda, Archivo español de Arte, 1986.
  • Camón Aznar, José: Dominico Greco, Espasa-Calpe, 1950
  • Kusche, María: Retratos y Retratadores: Alonso Sánchez Coello y sus competidores. Sofonisba Anguissola, Jorge de la Rua, Rolan de Moys. Fundación Apoyo Historia Arte Hispánico, 2003.
  • Tormo, Elías: Los médicos y el caso de El Greco. Por el arte. Gaceta de la asociación de pintores y escultores, I. 1913.
  • Wethey, Harold E.: El Greco y su escuela: Catalogo comentado, Ediciones Guadarrama, 1967.
  • Cuaderno de Sofonisba


jueves, 31 de octubre de 2013

Josepha Sánchez

Las cruces de celda son un tipo de obra devocional muy abundante en los monasterios y conventos españoles e hispanoamericanos en los siglos XVII y XVIII. Lo que no es común es que estén firmados y fechados por el autor.
En una tabla recortada en forma de cruz se pintaba la figura de Jesús en agonía. En los extremos horizontal de la cruz se solía representar el sol y la luna, en algunos casos con una cara a la manera de un personaje. En la zona inferior no era raro representar a un santo orante o a los donantes mirando a Jesús.

Hasta el momento la biografía de Josepha Sánchez es escasa. Estuvo activa como pintora en el segundo cuarto del siglo XVII, inspirándose en los crucificados ascético-naturalista de Luis Tristán. Es posible que fuera de origen castellano, religiosa y que estuviera emparentada con el pintor Clemente Sánchez

Hay cuatro cruces de celda firmadas y fechadas por ella, encontrándose en: 
Convento de San Antonio del Real (Clarisas) de Segovia, 1639
Convento de las Madre Dominica de Zamora 1644
Museo de las Artes Decorativas de Madrid, 1648
Convento de Santo Domingo del Real (Dominicas) de Segovia, 1649




Anónimo, Colección particular

Anónimo, Colección particular


Otras cruces de celda encontradas en web de subastas:




Bibliografía:


  • Mesa, José de y Gisbert, Teresa: Una pintora española del siglo XVII: Josefa Sánchez. Archivo Español de Arte (AEA), 1970 ENE-MAR XLIII; (169)   

domingo, 23 de junio de 2013

ET IN ARCADIA EGO : LOS BAÑOS ESTIVALES EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII

O el nudismo, costumbre de ayer y de hoy.



 
Siglo XVII. El Manzanares durante la fiesta de San Juan, escuela española, colección particular, Madrid


 
1669. Virgen de Pilar  la entrada del virrey de Aragón Juan José de Austria. Anónimo aragonés, colección particular

Principios del siglo XVII. Baños en el Manzanares en el paraje del Molino Quemado (sería frente a la Casa de Campo, en el Camino del Pardo), Félix Castello, Museo de la Historia, Madrid (imagen obtenida aquí)


H. 1660. Vista de Sevilla, anónimo, Hospital de los Venerables, Sevilla (detalle) 

En estos cuadros costumbristas vemos que tanto hombres como mujeres acudían al río durante las fiestas veraniegas para disfrutar, sin tapujos, de sus aguas. Algunos bañistas lo hacían con la camisa puesta y otros no dudaban en quitarse las prendas que les estorbaban para darse un buen chapuzón. Los baños nocturnos también eran habituales, desde que se ponía el sol hasta no más tarde de las once... 

Los escritores de la época recogen esta costumbre. Por ejemplo, Francisco de Quevedo, en uno de sus romances, satiriza al río madrileño como sigue:


Descubre Manzanares secretos de los que en él se bañan

Manzanares, Manzanares,
arroyo aprendiz de río,
tú que gozas, tú que ves
en verano y en estío
las viejas en cueros muertos,
las mozas en cueros vivos.


Luis Vélez de Guevara, en El diablo Cojuelo (1641), escribía:

Daban en Madrid, por los fines de julio, las once de la noche en punto, hora menguada para las calles y, por faltar la luna, jurisdicción y término redondo de todo requiebro lechuzo y patarata de la muerte. El Prado boqueaba coches en la última jornada de su paseo, y en los baños de Manzanares los Adanes y las Evas de la Corte, fregados más de la arena que limpios del agua, decían el «Ite rio est»;…”


Jerónimo de Barrionuevo en sus Avisos del 31 de julio de 1655 comentaba:

Domingo día de Santiago fue apacible y templado, de mar a mar el río de coches y de hombres y mujeres en pelota, medio vestidos y desnudos, que con la diversidad entretenían… ”.


Vicente Suárez de Deza, por 1663, escribe:


Lo que pasa en el río de Madrid en el mes de julio


Este es el día del juicio
sin duda, puesto que veo
a tantos en cueros vivos”.
 

Y algunos visitantes extranjeros se sorprendían de esta costumbre.

Para muestra El diario del viaje del Cardenal Francesco Barberini, en 1626, que escribió Cassiano del Pozzo, donde podemos leer:


en cada fiesta el Diablo quiere su propio altar, y así, si por una parte se desarrollan adecuadamente tal y como apenas [se ha descrito], por otra el desorden no es poco ya que, por el calor que trae la estación y por hacerse la vigilia en esta noche [23 de junio], gran parte de la ciudad y sobre todo las mujeres, va a aquel río Manzanares, al puente Segobiano, y allí gentes del populacho, tanto hombres como mujeres, se lavan entremezclados con poco recato para el servicio del alma. Aquellos otros de [mejor] condición pasan la velada yendo de arriba abajo, así como entrando con las carrozas en el río para gozar de las locuras de estos [primeros]. Acostumbran la mayoría de las mujeres a acudir aquí esta noche y al amanecer [aparecen] desgreñadas, adornando las carrozas y los caballos con vegetación  y flores, que en definitiva parece una Arcadia, la edad de oro respecto de la libertad y de la poca vergüenza. Entre estas [mujeres] se ve también a gentiles damas que con el pretexto de creer que el fresco de aquella noche les hará bellas sus cabelleras y se las  mantendrá, descienden de sus carrozas y con el acompañamiento adecuado despeinadas caminan paseando y pavoneándose.

Il diario del viaggio in Spagna del Cardinale Francesco Barberini, scritto da Cassiano del Pozzo, 1626.

Enlace relacionado en este blog:

IR EN PELOTA

Bibliografía:

  • Anselmi, Alessandra: El diario del viaje a España del Cardenal Francesco Barberini escrito por Cassiano del Pozzo, 1926. Doce Calles S.L. 2004
  • Díez Borque, José Mª., (ed.), Jerónimo de Barrionuevo, Avisos del Madrid de los Austrias y otras noticias., Madrid, editorial Castalia, 1996.
  • Luján, Néstor, Madrid de los últimos Austrias, Editores: Madrid: ONCE, Centro Bibliográfico y Cultural, 1993.
  • Pozuelo, José Mª, Antología poética, Francisco de Quevedo. Ediciones B, Libros Clásicos, 1989.
  • Suárez de Deza, Vicente, Mojiganga de lo que pasa en el río de Madrid en el mes de julio, Teatro breve (II). Edición crítica de Esther Borrego Gutiérrez, Kassel, Reichenberger, 2000
  • Vélez de Guevara, Luis, El diablo Cojuelo, Edición Ángel R. Fernández, Clásicos Castalia.

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